domingo, 6 de septiembre de 2009

Mi Tesis Preescolar - Motivación Liderazgo y Coaching con Sabiduría de Niño

Guillermo Echevarría: Yo quería hacer una canción para enseñarle a mi hija las cosas más importantes de la vida y terminé haciendo una canción con todo lo que aprendí y sigo aprendiendo de ella cada día.

Mi Tesis Preescolar va dedicada especialmente a mi hija y a todos mis clientes de Coaching, ejecutivos o líderes de organizaciones que tienen hijos.
Te invito a bajarte el tema Mi Tesis Preescolar y a construir una "Chicopedia" con anécdotas, fotos y sabiduría de los chicos en http://www.decoaching.com

Esta es la letra de la canción Mi Tesis Preescolar

Buenos días me presento,
Licenciado en arenero
Cinco años de experiencia,
En plazas del mundo entero.

En este acto tan solemne,
Con tanto mamá y papá.
Voy a compartir la tesis,
De mi estudio preescolar.

Les sugiero tomen nota,
De lo que voy a decir,
Que entre baldes y palitas,
Puede aprenderse a vivir.

He jugado muchos juegos
Y he llegado a comprender
Que gana el que se divierte
Y está dispuesto a perder.

He aprendido de la hamaca,
Que todo vuelve después.
Viene con la misma fuerza,
Con la que yo lo empujé.

La cuestión del sube y baja
Es importante también.
Pasaré ahora a explicarla
Para que se entienda bien.

Alto y bajo es relativo,
Al momento y al lugar.
No es más valioso el de arriba,
No es despreciable bajar.

Siempre habrá alguno más alto
Y alguien más bajo quizás
Pero el que compara sufre,
Y no puede disfrutar.

No es sano vivir midiendo,
Quien tiene menos o más,
No te hacen grande tus cosas,
Te hace grande lo que das.

(Por eso digo en mi tesis)
El mundo es un arenero
Los juguetes vienen y van
Y lo único que queda es la amistad
No dejen que me confunda.
No es sólo importante llegar.
Lo que importa es ir cantando al caminar.

En lugar de andar peleando,
Es preferible escuchar,
Para qué quiere el juguete el otro,
Y llegar a un ganar-ganar.

Para hacer un gran castillo,
El más grande que puedas soñar.
Asegúrate que otros puedan,
Su granito de arena sumar.

No persigas las palomas,
Porque se van a asustar.
Comprendé qué es lo que aman.
Y vendrán a tu lugar.

El mundo es un arenero
Los juguetes vienen y van
Y lo único que queda es la amistad
No dejen que me confunda.
No es sólo importante llegar.
Lo que importa es ir cantando al caminar.

El mundo es un arenero
Los juguetes vienen y van
Y lo único que queda es la amistad
Perdón, casi son las cinco
Y no me puedo extender más.
Me contratan presidentes y papás.
Para aprender a jugar.

Letra y Música: Guillermo Echevarría

Más videos de Guillermo Echevarría, Coaching Gerencial, Motivación y Liderazgo en español en http://www.decoaching.com




miércoles, 19 de agosto de 2009

Los miedos en los niños: ¿qué deben hacer los padres?

Los temores de los niños seguramente cambiarán a medida que los chicos crezcan, pudiendo los mismos aumentar o disminuir, dependiendo de su ambiente, las actitudes de los padres y su propia vida emocional, pero todos los experimentarán en algún momento.Ciertas veces, un niño podrá derribar todos sus miedos cuando aprenda más acerca de los ruidos y objetos que lo rodean. En general, a medida que crezcan, aprenderán que ciertamente no existe razón de temer a ciertas cuestiones, aunque muy posiblemente también reemplacen estos miedos por otros más realistas, que realmente podrían lastimarlos: el temor básico de la mayoría de los niños, tiene que ver con que su madre pueda dejar de amarlo y protegerlo.

Sucede que incluso a medida que las personas maduran, las mismas no dejan de tener miedos, los cuales, no obstante, a veces son muy útiles, ya que nos ayudan a protegernos de peligro, y a cuidarnos y planificar todas nuestras acciones.Cuando niños, estos temores son de diferente tipo, y quizás, como adultos, podríamos pensar que los mismos son innecesarios, y no se debería prestarle mayor atención, pero se debe saber que para los niños más chicos estos temores pueden ser muy verdaderos, al igual que el miedo de perder el trabajo o sufrir una grave enfermedad, por parte de un adulto. Muy posiblemente los ruidos fuertes, los movimientos repentinos, o los extraños en la habitación, etc., aterrarán a los recién nacidos, así como otro tipo de sonidos no familiares y ruidos extraños que sienta alrededor suyo.A medida que crezcan, posiblemente podrían sentir también un temor cuando son dejados sólo.

Generalmente, a la edad de cinco años los chicos pueden ser muy temerosos. A veces, ellos tendrán sueños o pesadillas que los trastornarán, sobre todo en relación con perder a un padre o algún ítem material muy apreciado. De la misma forma, podrán sentir temor de ciertos edificios, coches, autobuses, ascensores, etc.Si bien es cierto que los padres podrían no lograr prevenir totalmente los miedos de sus hijos, no menos real es que sí podrían disminuir la intensidad de ciertos temores, y ayudarlos a enfrentarlos de una mejor manera.Lo principal, será asegurarles que su hogar es la mejor guarida contra temores infundados. En general, los niños se sienten con más miedo cuando se quedan solos, o cuando sus padres no suelen estar con ellos durante una gran parte del día, por lo que sería importante que realice un acompañamiento efectivo de su hijo, sobre todo cuando el mismo es menor de cinco años.A veces, sucede que son los padres quienes son muy temerosos de varias cosas que puedan sucederle a su hijo, con lo cual transmiten todo este miedo a sus chicos.

Por eso, es fundamental que, como padres responsables, se tenga mucho cuidado de no permitir que los hijos se enteren de sus propios temores (por supuesto, no estamos hablando de aquellos que verdaderamente atañen a la seguridad del chico, sino de aquellos menores y algo infundados), tanto en relación a ellos como a la vida en general. Pero incluso, los padres pueden sin problemas enseñar medidas de seguridad a sus hijos sin por ello inducirles temores. La clave para esto, será infundirles una confianza responsable, y no un temor paralizante, que les permita lograr objetivos y metas, siempre de una manera cuidadosa y cauta.

Así, se les podría enseñar como manejar fuego con seguridad sin por ello hablarles de quemadura o muerte. También podría mostrárseles como cruzar calles detenidamente y con precaución, sin hablarles de accidentes o muertes.

Claro que no hacer referencia a cierto tema tampoco significa que se deba engañar. De hecho, los padres jamás deberían mentirles a sus hijos.Por ejemplo al hablar sobre las causas de golpearse haciendo deportes, es necesario ser francos y afirmarles que es posible que se corran ciertos riesgos en su práctica, aunque sin por ello hacer constante referencia a esto.

Si un padre le dice a su hijo que no habrá posibilidades de sufrir algún dolor o lastimadura, y por el contrario el chico sí experimenta algún tipo dolencia, habrá una pérdida de la confianza en su progenitor, con lo que posiblemente, en el futuro, poco servirán las palabras de este para darle confianza. Por eso, si se quiere que los hijos respeten a sus padres, y confíen en sus consejos y sentimientos, será fundamental ser francos con ellos. Por otra parte, estar al tanto de los verdaderos peligros de cualquier práctica, los hará ser más responsables y abiertos para hablar, lo cual podría ayudar a concurrir al médico cuanto antes y hacer más leve la traumática experiencia.A veces, un chico puede tener una experiencia dolorosa y traumática, como por ejemplo la muerte de un abuelo, y por lo tanto existirá un legítimo temor de perder otros parientes.

Estas situaciones especiales necesitan ser manejados muy cuidadosa y detenidamente, con mucha comprensión, amor y confidencia. Y para el caso de que no se logren remover los temores a la muerte, también podrá ser útil realizar una psicoterapia con la asistencia de algún profesional.

Tomado: http://www.enplenitud.com/psicologia/miedosinfantiles.asp

sábado, 8 de agosto de 2009

Carta a todos los padres del mundo

No me grites.Te respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo.


Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a tus amigos.Que seamos familia, no significa que no podamos ser amigos.

Si hago algo malo, no me preguntes por qué lo hice.A veces, ni yo mismo lo sé.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí(aunque sea para sacarte de un apuro).Haces que pierda la fe en lo que dices y me siento mal.

Cuando te equivoques en algo, admítelo.Mejorará mi opinión de ti y me enseñarás a admitir también mis errores.

No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos.Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va a sufrir (y si me haces parecer peor, seré yo quién sufra).

Déjame valerme por mí mismo.Si tú lo haces todo por mí, yo no podré aprender.

No me des siempre órdenes.Si en vez de ordenarme hacer algo, me lo pidieras, lo haría más rápido y más a gusto.

No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer.Decide y mantén esa posición.

Cumple las promesas, buenas o malas.Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo

Trata de comprenderme y ayudarme.Cuando te cuente un problema no me digas: "eso no tiene importancia..." porque para mí sí la tiene.

No me digas que haga algo que tú no haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.

No me des todo lo que te pido.A veces, sólo pido para ver cuánto puedo recibir.

Quiéreme y dímeloA mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Anónimo.

Tomado de: http://www.solohijos.com/general/html/carta.php

lunes, 20 de julio de 2009

Conflictos comunes de las relaciones padres-adolescentes

Los padres frecuentemente se preocupan o se confunden por los cambios en sus hijos adolescentes. Cada joven es un individuo, con una personalidad única y con intereses propios, sus propios gustos y disgustos. Sin embargo, hay numerosos factores comunes en el desarrollo que todos confrontan durante los años de la adolescencia. Las emociones y el comportamiento normales del adolescente en los años de la escuela intermedia y de los primeros de la secundaria se identifican en la lucha con su sentido de identidad, en que se siente extraño o abochornado consigo mismo o con su cuerpo.

También se nota en que generalmente, se enfoca en sí mismo, alternando entre altas expectativas y un pobre concepto propio, lo influencian los amigos en su modo de vestir e intereses, su humor es cambiante, mejora su habilidad del uso del lenguaje y su forma de expresarse. Muchas veces tiene menos demostraciones de afecto hacia los padres; ocasionalmente el adolescente se queja de que los padres interfieren con su independencia, y tiene la tendencia a regresar al comportamiento infantil, particularmente cuando está bajo mucho estrés. El joven en este periodo, también tiene un interés mayormente del presente, y pensamientos limitados acerca del futuro, se expanden y aumentan en importancia los intereses intelectuales, y adquiere una mayor capacidad para el trabajo (físico, mental y emocional). Se preocupan por su atractivo físico con relación a otros, y viven frecuentes cambios de relaciones, y preocupación por si es normal o no.

En el aspecto que se refiere a la moralidad y los valores, pone a prueba las reglas y los límites, aumenta la capacidad para pensar en manera abstracta, desarrollan los ideales y se seleccionan modelos de comportamiento, presentan mayor evidencia consistente de tener conciencia y surge la necesidad por experimentar.

Tomado de: © EnPlenitud.com - Conflictos comunes de las relaciones padres-adolescentes

sábado, 6 de junio de 2009

INCLUSIÓN DE LAS FAMILIAS EN LA ESCUELA


El presente artículo habla de la importancia que tiene conseguir que en los centros escolares se de una buena relación entre las familias de los/as alumnos/as y el equipo educativo ya que la educación atañe a la comunidad educativa y a la familia por igual.

La educación de los niños y de las niñas no se puede concebir sin tener en cuenta su núcleo familiar, sus padres o tutores. La familia es una parte integrante y un elemento de nexo entre lo que pasa fuera o dentro de la institución escolar, así pues las puertas de la escuela deberían permanecer abiertas con tal de establecer una comunicación mutua, fluida y significativa.

Debemos tener en cuenta que familia y escuela no pueden vivir de espaldas y actuar cada una por su lado, sino que pueden ser dos contextos diferentes con sus idearios y principios educativos propios, que no siempre van a converger en un mismo criterio de actuación ni de opinión, con lo cual los niños y niñas se encontrarán con personas y relaciones distintas que no tienen por qué ser entorpecedoras, sino por el contrario, enriquecerán su bagaje de experiencias y le harán crecer en su grado de autonomía. Las divergencias que observe le ayudarán a abrirse al mundo social, observar otras formas de entender la vida y aumentar su moral autónoma.

Esto es así, siempre y cuando exista un sentido democrático de la educación y no se convierta el ambiente escolar y familiar en dos bloques de fuerzas dispares que lo que pretenden es sobreponerse uno por encima del otro.

Para que se dé un entendimiento mutuo y la cooperación sea continua deben darse dos tipos de entendimiento entre contexto educativo y familia.

Por un lado un entendimiento inicial con el centro, que es el primero en desarrollarse en el tiempo y que tiene un carácter más genérico.

Y por otro lado un entendimiento personal, mucho más importante que el primero pese a darse en segundo lugar. Se establece de manera gradual y es de carácter afectivo-emocional.

FACTORES QUE FAVORECEN UNA BUENA INTEGRACIÓN

- Madurez o competencia socio-emocional: Es indispensable para que se produzcan el entendimiento y la cooperación. Tanto las familias como el profesorado, tienen que emprender un proceso de estructuración personal que incluye conocerse mejor, aprender a comunicarse para descubrir lo que se tiene en común y lo que se puede hacer en común, construirse de mejor manera y transformarse a partir del intercambio, y ser capaces de desarrollar una actitud progresivamente más receptiva, acogedora y tolerante frente a la diferencia y frente al otro.

Una mayor competencia socio-emocional contribuirá a una mejor relación y ésta a su vez facilitará una cooperación más eficaz. Es necesario que la relación se establezca desde las personas que son y no exclusivamente desde el rol que ejercen, ni por supuesto desde la posición jerárquica que a veces adoptan las instituciones educativas. Familia y escuela deberían acercarse persona a persona y asumir un compromiso conjunto, en lugar de mirarse con recelo y preguntarse de quién es la culpa de los despropósitos. Así se podrá evitar, por ejemplo, que el profesor se alíen con el alumno contra los padres, que los padres y profesores se alíen contra el alumno, o que el alumno se aproveche de la rivalidad, la desconfianza o las ignorancias mutuas.

Un buen educador trata de establecer una relación lo más sana y beneficiosa posible con cada alumno y su familia. Pueden caerle mejor o peor, pero deber otorgarles siempre un valor y reconocimiento. Lo importante no es la simpatía o antipatía que pueda sentir, sino aprender a tratar los sentimientos que se le desvelen, de tal manera que pueda ayudar al niño/a a hacer frente constructivamente a los aspectos positivos y negativos de su vida.

Tendrá que aprender a ser depositario de sentimientos intensos y complejos de los alumnos y de los padres, sin dejarse paralizar por ellos. Esto le exige revisar sus propios deseos y temores, su visión de la vida, de las personas y de la educación, y ver hasta qué punto transfiere a la relación educativa aspectos vulnerables de su personalidad.

Los padres tienen que procurar exactamente lo mismo. Sus conflictos no resueltos pueden dificultar o impedir la relación con sus propios hijos y también con el docente.

Algunos ejemplos los tenemos en los padres que depositan en los educadores todo aquello que les supone un esfuerzo, que necesitan afianzar su autoridad oponiéndose a ellos, que viven como un ataque personal los problemas escolares de sus hijos, que poseen visiones rígidas de la educación o que idealizan la figura del profesor. Los padres también pueden tener miedo a ser criticados por defectos de disciplina o de enseñanza, todo esto puede dar como resultado unas relaciones tensas o una inhibición total de la comunicación.

- Nuevas formas más cálidas y cercanas de relación: El aprendizaje de habilidades socio-emocionales, siempre que se realice con un trasfondo afectivo y ético, capacitará a padres y profesorado para idear y cultivar nuevas formas de relación más fecundas y satisfactorias. La fórmula de integración que propongo, basada en la empatía o sintonía personal, exige un nuevo enfoque de las formas tradicionales de relación. Reuniones y entrevistas, en lugar de plantearse como informaciones sobre el curso o informes sobre el niño, deben convertirse en una ocasión para que profesores y padres establezcan contacto como seres humanos en proceso continuo de crecimiento, y no como personas acabadas que sólo pueden intercambiar información.


Sería óptimo, por ejemplo, que los profesores preguntaran a los padres aquello que les preocupa y aquello que esperan y también aquello que les gustaría que realmente conozcan de ellos porque creen que les puede ayudar y al revés. Del mismo modo, deberían dedicarse elogios y prodigarse un poco más en muestras de afecto y reconocimiento mutuo. A unos y otros mostrar su humanidad les hacer sentir menos seguros y más vulnerables. Al profesional de la educación le resulta más cómo escudarse en el rol y a los padres acusar a la escuela y a la sociedad de las cosas que van mal.

Desentenderse de aquello que nos supera siempre es más sencillo que asumir la propia responsabilidad y adoptar la actitud constante de revisión y mejora que caracteriza a la persona madura.

- Una nueva concepción de espacios y tiempos: También los espacios y tiempos deben organizarse bajo una nueva concepción. Es preciso que incluso los espacios de la escuela hablen y transmitan también esta voluntad de diálogo. Participar conjuntamente en actividades formativas, lúdicas o festivas, con un piscolabis final que facilite el acercamiento distendido, podría ser un ejemplo de ello.

- Intercambio y cooperación continuados: La educación implica por igual a la familia que a la comunidad educativa. A la familia porque es la que deja las primeras marcas sobre los esquemas innatos del niño; y a la comunidad educativa porque puede reafirmar, reconducir, ampliar, compensar e incluso modificar estas señales familiares tempranas. El papel de los padres es primordial pero el de la escuela no es menos importante, y ni unos ni otros se pueden desentender.

El educador es mucho más que un transmisor de conocimientos y la relación con las familias es un elemento clave para una comprensión más amplia del alumno. Para algunos educadores la relación con los padres –al igual que con determinados niños- es un fastidio. Representa un obstáculo o una interferencia para la tarea que creen que les es propia: enseñar. El profesor que es consciente de que su labor es acoger y educar, y para ello se acerca a las familias, no siempre podrá abarcar ni mucho menos solucionar los problemas que se derivan del hogar, pero tendrá sin duda alguna, un mayor conocimiento del niño y podrá entenderlo mejor. En cualquier caso, la importancia del maestro ante determinadas situaciones familiares nunca puede ser excusa para no acercarse a ellas, si bien tampoco puede llevarlo a convertirse en asistente social, benefactor, detective o perseguidor de las familias.

En definitiva, dos de las principales instituciones educativas y agentes de socialización: FAMILIA Y ESCUELA, necesitan de un correcto trabajo coordinado para favorecer un exitoso proceso de desarrollo del individuo que les importa, es decir, EL NIÑO.

Resumen de trabajo realizado por: Mª Amparo Rosa Torres

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:


AZNAR, P. Y PÉREZ, P.M. (1986). La familia y el proceso educativo. Madrid: Diagonal-Santillana.
LÓPEZ ROMÁN, J. (1986). La familia como agente educativo. Enciclopedia de la Ed. Preescolar. Madrid: Diagonal-Santillana.
VARIOS (1996). Relación cotidiana familia-escuela. Revista Infancia nº 38. Barcelona: Rosa Sensat.
PALACIOS, J. Y PANIAGUA, G. Colaboración de los padres. Madrid: Cajas Rojas de Educación Infantil, M.E.C.
VARIOS (1998). La participación de las familias. Revista Infancia nº 48. Barcelona: Rosa Sensat.
II CONGRESO NACIONAL DE ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD, (2003) Ponencia “Cómo incluir a las familias en el contexto educativo”. Elche (Alicante).